Estandarizar es un arte.

Estandarizar parece fácil visto desde fuera. Luego empiezan a aparecer excusas como estas: no sé muy bien por qué no estandarizo los procesos.

Pues bien, las razones de fondo suelen ser estas:

  • Porque implica mucho trabajo.
  • Porque nadie sigue los estándares de forma autónoma.
    • De manera que, al final, me siguen preguntando y tengo que estar yo ahí igual; entonces, ¿para qué?
  • Porque hay tantos productos, procesos y variantes que harían falta dos vidas.
    • Y ni siquiera así se conseguiría estandarizarlo todo, porque antes de acabar ya habría que hacer actualizaciones.
  • Porque es probable que lo que vaya a estandarizar esté mal.
  • Porque no tengo el apoyo para su desarrollo ni para su implantación:
    • Porque el beneficio no es evidente ni inmediato.
    • Porque, en cambio, apagar fuegos sí se valora, aunque muchos de esos fuegos no existirían con los estándares que propongo.
    • Porque la cultura de la empresa está más orientada a medir resultados que a corregir causas.
    • Porque hay varios responsables con capacidad de decisión y cada uno tiende a priorizar su área, no el conjunto del sistema.

El problema de estandarizar no es escribir pasos.

Una cosa es listar pasos y otra muy distinta conseguir que distintas personas ejecuten una tarea del mismo modo. Por ejemplo:

  • Puedo resumir cómo hacer una tortilla de patatas en diez pasos y una página. Pero eso no es todavía una instrucción completa; es, como mucho, una secuencia o un recordatorio.
    • Si pusiera a 10 personas a hacer esa tortilla, saldrían 10 tortillas diferentes.
  • Si quisiera describir con precisión cómo hacer esa tortilla, probablemente necesitaría un manual de cien páginas.
    • Manual que nadie se leería.
  • Entonces, ¿cómo se resuelve esta brecha?

Cómo estandarizar procesos en la práctica.

Te voy a contar cómo lo hago yo:

  1. Desarrollo un estándar lo más básico y breve posible (estandarizar cuesta mucho trabajo y un estándar extenso no lo leerá nadie). Como mínimo, debe incluir:
    • Listado de pasos.
    • Buenas prácticas.
    • Qué no hacer.
    • Cantidades.
    • Parámetros de máquinas.
  2. Añado los útiles, herramientas, plantillas y medidas que ayudarán a que el estándar se ejecute correctamente.
  3. Doy el estándar a quienes deben ejecutarlo y les digo: procede.
  4. Evalúo los resultados de la ejecución. Aquí solo pueden pasar dos cosas:
    1. Todos lo ejecutan mal:
      • Entonces, el estándar es insuficiente.
      • He omitido puntos importantes.
      • Tengo que ampliar el nivel de detalle.
      • Y volver a probar.
    2. Unos ejecutan bien y otros mal:
      • Entonces, el estándar puede ser suficiente.
      • Lo que falta en parte del equipo es formación.
  5. Tras esto, finalmente capacito con supervisión y corrección durante la ejecución. Por ejemplo, imagina que alguien está siguiendo el estándar de la tortilla y yo le acompaño mientras la hace:
    • Sigue el estándar; yo te acompaño.
    • No, espera: antes tienes que comprobar la temperatura.
    • ¿Por qué?
    • Porque, si el aceite no está suficientemente caliente, la patata se cocerá en lugar de quedar ligeramente crujiente.
    • ¿Para qué?
    • Para asegurarte de que la patata salga con la textura que buscamos.

Durante la supervisión no solo enseñamos el cómo, sino también el porqué y el para qué. Es decir, damos criterio.

Y, además, durante ese acompañamiento suelen aparecer ideas de mejora: del propio estándar, del método, de los útiles o de la simplificación del proceso.

Qué salva la brecha entre el estándar y la práctica.

¿Qué salva la brecha entre los 10 pasos y el manual de 100 páginas?

  • La capacitación del individuo.
  • La supervisión.
  • Y los poka-yokes, es decir, dispositivos o mecanismos que previenen el error.

ESTE ARTE SOLO LO PODRÁS ADQUIRIR POR MEDIO DE LA PRÁCTICA.

AHORA TE TOCA A TI… PROCEDE.

Preguntas frecuentes sobre estandarizar procesos:

¿Por qué cuesta tanto estandarizar en una empresa?

Porque requiere mucho trabajo, hay variantes y cambios constantes, y además suele faltar apoyo para desarrollar e implantar. Encima, “apagar fuegos” suele estar mejor valorado que prevenirlos con estándares.

¿Por qué la gente no sigue los estándares “de forma autónoma”?

Porque muchos estándares son demasiado largos, teóricos o poco ejecutables. Si parece un manual, nadie lo lee; si no incluye útiles/plantillas, deja demasiado margen a la interpretación.

¿Cuál es el mínimo contenido de un estándar útil?

Un estándar básico y breve: pasos, buenas prácticas, qué no hacer, cantidades y parámetros, más útiles/herramientas/plantillas que faciliten hacerlo bien.

¿Cómo saber si el estándar está bien o es insuficiente?

Dándolo a ejecutar y diciendo: “PROCEDE”.

  • Si todos lo hacen mal → el estándar es insuficiente: falta detalle y hay que ampliarlo.
  • Si unos lo hacen bien y otros mal → el estándar vale, pero falta formación en parte del equipo.

¿Qué “salva” la brecha entre 10 pasos y un manual de 100 páginas?


La combinación de capacitación del individuo, supervisión/corrección durante la ejecución (enseñando el cómo, por qué y para qué) y poka-yokes (artefactos que impiden el error).

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