Un factor imprescindible para reducir el estrés laboral en la empresa sin perder competitividad es que cada uno haga su parte y no sobrecargue ni envenene a los demás.
Cómo lograr una empresa más sana y competitiva.
Paso 1 – Identifica a quienes no aportan y a los mandos tóxicos.
Los reconocerás de la siguiente forma:
- Convocan muchas reuniones de las que no se obtiene ninguna decisión productiva, salvo más confusión.
- Cuando están de vacaciones o de baja, el ambiente laboral es más agradable y las cosas funcionan mejor.
- Mientras otros trabajan, ellos difunden rumores y fomentan la toxicidad. Les sobra tiempo para hacerlo porque trabajan poco y, encima, tienen envidia de quienes mejoran y hacen cosas.
- Aprovechan cualquier error ajeno para magnificarlo.
- El caso es que nunca están cuando y donde sucede el error para evitarlo (saben cómo escaquearse).
- Por eso todo acaba siendo culpa de otro.
- Y por eso, no son supervisores: SON INQUISIDORES.
- Cuando entran en un espacio determinado, todo el mundo se pone nervioso.
- En los momentos difíciles en que hay que arrimar mucho el hombro, nunca están disponibles para ayudar.
- Montan un escándalo por una gestión mal hecha (por otros) cuyo sobrecoste ha sido de 90 euros (por un envío urgente, por ejemplo). No hacen el cálculo de que esa confrontación absurda ha costado 3.000 euros en pérdidas de tiempo y desmotivación.
- Si algún error es suyo, culpan a otro.
- Además, magnifican sus escasas aportaciones y hacen perder tiempo al intentar demostrar que todo se resolvió gracias a ellos.
- Suelen ser altaneros y poco empáticos.
- Sustituye a este grupo por personas normales que estén dispuestas a trabajar y a no cargar de trabajo a los demás (cuidado: nada de superestrellas).
- O bien, asume el esfuerzo por cambiar su actitud mediante formación, mentalización, seguimiento y confrontación permanentes.
- Mi recomendación es una mezcla de los dos puntos anteriores:
- Preferiblemente formar y reconducir.
- Cuando no haya cambio real, la sustitución será la mejor opción.
Paso 2 – Elige.
Mi experiencia me indica que cuando en las empresas se mantiene la cultura de hacer cada uno su parte, el trabajo fluye y los resultados también.
Además, se genera un ambiente de seriedad, exigencia y respeto.
En conclusión:
NO HACE FALTA EXIGIRSE EN EXCESO.
CON QUE CADA UNO HAGA SU PARTE, ES SUFICIENTE.
RECUERDA: LOS PRIVILEGIOS INJUSTIFICADOS SIEMPRE TERMINAN RECAYENDO SOBRE EL ESFUERZO DE OTROS.
Preguntas frecuentes sobre estrés laboral:
Sí: el artículo sostiene que el estrés crónico reduce el rendimiento. Cuando cada persona hace su parte y no traslada problemas a otros, el trabajo fluye mejor y la empresa puede ser exigente sin “vivir en tensión”.
Por señales claras: muchas reuniones sin decisiones; se respira mejor cuando no está; difunde rumores; magnifica errores ajenos, pero no está para evitarlos; “inquisidor” en vez de supervisor; y genera nerviosismo al entrar.
Porque añaden carga mental y pérdida de tiempo sin resolver el trabajo real. El resultado es más urgencia, más interrupciones y más fricción entre las personas.
Dos vías: reconducir con formación, seguimiento y confrontación (si hay margen real de cambio) y, si son recalcitrantes, sustituirlos. El texto recomienda una combinación, priorizando la reconducción y reservando la sustitución para los casos más duros.
Una cultura de seriedad y respeto donde cada uno cumple su parte sin privilegios a costa del trabajo de otros: menos ruido, menos culpabilización y más responsabilidad práctica.
