El 40 % de tus productos genera el 180 % de tu beneficio y el 60 % restante el -80 %. Lo mismo sucede con los clientes.
Cuando una empresa o un sector es emergente, es normal que extienda su línea de productos y categorías, ya que no sabe con certeza qué va a funcionar. 30 años después, ya se dispone de mucha información para saberlo y tomar las decisiones que permitan simplificar y, por tanto, fortalecer y hacer más competitiva tu industria.
Seamos claros: no tienes capacidad para gestionar todos los berenjenales en los que os metéis.
Adam Smith nos habló de la división del trabajo como una ventaja competitiva. Durante siglos se ha demostrado que tenía razón, y ahora se da por hecho que podemos competir en cualquier cosa.
Somos incompetentes en casi todo y competentes en muy pocas cosas.
¿Para qué simplificar?
- Para que fabricar sea más fácil y tengamos menos probabilidades de errores e interrupciones.
- Para que los de marketing y ventas no tengan que gestionar tantos productos y vendan más de menos referencias
- Para concentrar esfuerzos y conocimiento.
- Para dedicarte con mucha concentración a lo poco en lo que eres competente, que es en lo que puedes competir.
Estrategia empresarial es simplificar para dedicar nuestros escasos recursos a lo poco que sabemos hacer bien, que suele coincidir con lo que es rentable.
Tus recursos son escasos (aunque no lo parezca).
Algunos ejemplos de los recursos escasos son:
- Superficie disponible.
- Liquidez.
- Capacidad de las máquinas y de los operarios cualificados.
- Capacidad de procesamiento de la información.
- Conocimiento.
- Neuronas.
- Conocer los costes, para saber qué no hacer.
- Ser muy potente en marketing, para vender mucho de lo poco a lo que no has renunciado.
- Innovar no tiene por qué implicar incorporar más productos y mercados. La mejor forma de innovar es buscar cómo hacer las cosas mejor. Pero lo que suele pasar es lo contrario. I+D lo complica todo aún más.
- Puedes dar evolución a los productos que ya funcionan.
- No hemos cambiado tanto, por mucha innovación que hagas en las raciones de un restaurante, el 80 % de las ventas se las llevan: los calamares, los chopitos, las bravas, las croquetas y la oreja a la plancha.
- Las pocas fotos que ves y disfrutas son las que tienes impresas en los álbumes físicos, esas son las que más cuidas. De las otras 10.000 que están en tu móvil ni sabes que existen porque lo abundante da asco y, además, nos agobia. Pero lo escaso se cuida y siempre sé dónde está.
- A veces tenemos el síndrome del impostor: ¡Qué mal, tengo éxito en el mismo producto con el que empecé hace 30 años, debería innovar más!
- Claro que hay que innovar, pero no como un fin en sí mismo, y pensando siempre en evitar la complejidad. Es un difícil equilibrio.
- Simplificar no te garantiza el éxito de la empresa
- No hacerlo te garantiza una vida empresarial de mediocridad y estrés.
- Por tanto, simplificar es una antigarantía.
- Conoce tus costes y los beneficios de cada situación.
- Simplifica: elimina lo no rentable.
- Concentra todos tus recursos en lo rentable.
- Incrementa tus beneficios con menos esfuerzo.
La simplificación requerirá de dos recursos críticos:
Innovar no es añadir complejidad.
Simplificar como “antigarantía”.
El desconocimiento de los costes conduce a la pérdida de ventas y a ventas a pérdida.
La conclusión es simple:
Preguntas frecuentes sobre estrategia empresarial:
Significa renunciar de forma consciente a lo que no aporta rentabilidad ni ventaja competitiva para concentrar recursos (máquinas, personas, información y liquidez) en lo poco que sí sabes hacer bien.
Porque al inicio se prueba de todo para descubrir qué funciona. El problema es mantener esa complejidad décadas después, cuando ya hay suficientes datos para recortar y enfocarse en lo rentable.
Cuantos menos productos/variantes, más fácil es fabricar: menor probabilidad de error, menos cambios, menos interrupciones y mayor estabilidad operativa. También ventas y marketing pueden vender más con menos referencias.
Porque, sin costes claros, puedes innovar añadiendo referencias que destruyen el margen e incluso te obligan a vender a pérdidas. Los costes te permiten decidir con criterio qué eliminar y qué potenciar.
Sí. Innovar también es mejorar cómo haces lo que ya funciona: optimizar procesos, evolucionar productos ganadores y evitar que I+D se convierta en una fábrica de variantes que complican todo el sistema.
