Es difícil medir la complejidad de una empresa porque depende, en gran medida, de nuestra actividad. No es lo mismo fabricar ordenadores a medida para aviones de combate que fabricar palillos para mondar dientes. Es decir, hay actividades con una complejidad intrínseca mayor que otras.
En este artículo, vamos a centrarnos en cómo medir la complejidad innecesaria y excesiva: esa que nadie paga porque no aporta valor y que garantiza la destrucción de tu cuenta de resultados.
De los métodos que vamos a mostrar, utiliza el que te resulte más fácil de cuantificar. Es igual, ya que todos los indicadores de complejidad están correlacionados entre sí.
Método 1. ¿Cuánta información y cuántas comunicaciones se necesitan para resolver una remesa de producción?
Este método consiste en medir cuánta información debe procesarse y cuántas interacciones son necesarias para resolver una remesa de producción.
Para estimarlo, puedes fijarte en indicadores como los siguientes:
- Cantidad de información en la orden de trabajo: aunque se genere automáticamente, alguien debe leerla y puede cometer errores de interpretación.
- Número de reuniones.
- Número de aclaraciones necesarias.
- Cantidad de viajes a la oficina técnica.
- Cantidad de llamadas a los clientes para aclarar definiciones.
Si el número total de estos elementos es muy alto, has complicado el proceso más allá de tu capacidad para crear un sistema robusto que lo resuelva.
En ese caso, los errores, la frustración y la improductividad están garantizados.
Método 2. Número de procedimientos y de fichas que hay que consultar o aprender por proceso:
Este método consiste en medir cuántos procedimientos, fichas o instrucciones hay que consultar o aprender para ejecutar correctamente un proceso. Cuanto mayor sea esa dependencia, mayor será el riesgo de interpretación errónea, fallos operativos e ineficiencias:
- Todo lo que se consulta está sujeto a interpretación y, por tanto, a error.
- Los poka-yokes, plantillas y útiles reducen la necesidad de consulta.
- La reducción de componentes facilita el aprovisionamiento de materiales y su ensamblaje.
Método 3. Ratio de indirectos (que no aportan nada):
Este método consiste en medir el número de funciones indirectas en la organización cuya contribución al resultado es difusa. Cuando ese ratio crece, suele ser una señal de que la organización está dedicando más recursos a gestionar la complejidad que a generar valor.
- Un indirecto sería alguien que no aporta una contribución clara.
- Este fenómeno tiene dos caras:
- Por un lado, perfiles ociosos que están en lo alto de la pirámide (sin ningún mérito) y que se pasan el día creando complejidad y provocando reuniones, porque, si no, no tendrían nada que hacer durante todo el día. Estos lo pasan muy bien; suelen ser happy flowers motivacionales.
- Por otro, perfiles que tienen que asistir a sus reuniones, y filtrar y hacer viable toda la complejidad que generan los ociosos. Estos no lo pasan tan bien porque, además, tienen otras cosas más importantes que hacer.
- Podrían estar atrapados en un ciclo perpetuo sin generar valor real.
- Cuando estos generadores de complejidad están en modo “creativo”, conviene echarse a temblar; los procesadores de complejidad tienen que crecer en número y, por tanto, se incrementa este ratio.
Método 4. Nivel de desigualdad de las contribuciones:
Este método consiste en medir hasta qué punto las ventas se concentran en unos pocos productos o clientes. Cuanto mayor sea esa desigualdad, mayor suele ser la complejidad improductiva asociada a los muchos productos o clientes de baja contribución.
Imagina que analizamos las ventas por productos y que tenemos lo siguiente (el mismo análisis podría hacerse en las ventas por clientes):
Primera distribución:
- Productos Tipo A: 15 % de los productos, 50 % de las ventas.
- Productos Tipo B: 35 % de los productos y 35 % de las ventas.
- Productos Tipo C: 50 % de los productos y 15 % de las ventas.
Segunda distribución:
- Productos Tipo A: 15 % de los productos, 75 % de las ventas.
- Productos Tipo B: 35 % de los productos y 20 % de las ventas.
- Productos Tipo C: 50 % de los productos y 5 % de las ventas.
La segunda distribución muestra una desigualdad mucho mayor en las contribuciones.
Y una mayor desigualdad implica más complejidad inútil. ¿Por qué?
- Los muchos productos o clientes que contribuyen poco requieren más atención que los que contribuyen mucho.
- Y exigen más atención porque la organización no ha desarrollado una curva de aprendizaje asimilada sobre ellos, y cada vez que toca gestionarlos resulta muy improductivo. Podrías subirles el precio en coherencia con dicha atención, pero la competencia no te lo consentiría.
- Por otro lado, los pocos que contribuyen mucho asumen un mayor riesgo.
Para entender mejor este criterio, conviene observar qué ocurriría en sus dos casos extremos:
Caso extremo 1 – Igualdad total:
- Todos los clientes o productos contribuyen por igual.
- La curva de Pareto o ABC será una recta de 45°.
- En tal caso, no hay nada que diferenciar.
- Hay que tratar a todos por igual.
Caso extremo 2 – Desigualdad total:
- Un cliente o producto contribuye el 100 % y el resto no contribuye en nada.
- La curva de Pareto o ABC será una recta horizontal que represente el 100 % de la contribución.
- En ese caso, también está muy claro: toda la atención debe dedicarse a ese cliente o producto.
Todas las distribuciones de contribución entre ambos extremos requerirán políticas de tratamiento de los eventos en función de dicha contribución.
Obviamente, debes reducir la desigualdad eliminando los eventos de baja contribución.
Método 5. Grado de conocimiento del proceso por parte de quienes lo operan (método cualitativo):
Este método consiste en comprobar hasta qué punto quienes operan un proceso lo entienden de forma coherente: cómo funciona, para qué sirve cada paso y qué lógica hay detrás de su ejecución.
- Pregunta a 4 o más responsables de un proceso cómo funciona y cuál es el propósito de cada paso.
- Si las respuestas son coherentes entre sí, tu proceso tiene un nivel de complejidad acorde con el conocimiento de quienes lo operan.
- Si son incoherentes, es posible que la producción se haya complicado tanto con procedimientos desquiciantes y contradictorios, opciones infinitas y una variedad de productos, que no se aclaran ni ellos. Y siendo así:
- ¿Cómo vamos a servir bien al cliente?
- ¿Cómo vamos a cumplir de manera consistente una expectativa única?
TENER ALERTAS AYUDARÁ A FRENAR LA ENTROPÍA, PERO SOLO TEMPORALMENTE.
LA ENTROPÍA SIEMPRE VUELVE.
Preguntas frecuentes sobre complejidad en la empresa:
Es la complejidad excesiva que no aporta valor y que nadie paga: genera más comunicaciones, más interpretaciones, más errores y, al final, destruye la productividad y el margen.
Observa cuánta “conversación” hace falta para sacar una remesa: cantidad de información en la OT, número de reuniones, aclaraciones, viajes a la oficina técnica y llamadas al cliente para definir. Si el número es alto, el proceso está por encima de tu capacidad de hacerlo robusto.
Porque todo lo que hay que consultar se presta a interpretación y, por tanto, a error. Reducir las consultas (con poka-yokes, plantillas, útiles y menos componentes) disminuye la variabilidad y acelera la ejecución.
Cuantos más “indirectos” sin una contribución clara, más probable que exista un ciclo de generadores de complejidad (que crean reuniones/capas) y procesadores de complejidad (que intentan hacer viable el caos). Ese crecimiento suele indicar entropía organizativa.
Mira la distribución de ventas por productos o clientes: si muchos aportan poco (larga cola), suele haber mucha complejidad improductiva porque esos “pocos aportes” consumen más atención por falta de una curva de aprendizaje. La palanca suele ser subir el precio o la coherencia, o eliminar lo de baja contribución, para reducir la desigualdad y el ruido.






