Si interpretas la vocación de servicio como una barra libre, acabarás pagando todas las consumiciones y, además, no podrás prestar un buen servicio.
Son muchas las ocasiones en las que los gerentes y directores comerciales justifican la interrupción permanente de la producción bajo el pretexto de que la propuesta de valor de la empresa es el servicio. Sostienen que, sin ese nivel de servicio, la empresa no sobreviviría a la competencia.
Bajo esa premisa, ni más ni menos que la supervivencia, se consienten todo tipo de rupturas de la planificación, interrupciones y cambios de formato no programados. Eso trae como consecuencia principal lo que se lista a continuación:
- Sobrecostes de producción.
- Frustración dentro del equipo.
- Pérdida de capacidad de producción.
- Lo que causará fallos permanentes de servicio.
- Y, obviamente, la pérdida de competitividad y de beneficios.
La urgencia conduce a una interrupción directa y a la imposibilidad de anticipación. Sin anticipación, las incidencias están garantizadas.
Dirigir así es Antidirigir: es sembrar el caos, cuando la dirección está para reducirlo.
¿Cómo empieza todo?
Empieza cuando la presión comercial se impone al plan de producción:
- Las planificaciones de producción se rompen constantemente debido a las urgencias que los distintos comerciales generan en las operaciones.
- Se violan los cauces de información definidos. Los comerciales llaman directamente al jefe de producción y, si no funciona, a los mandos intermedios, pidiendo o rogando que se adelante su pedido.
- Esto lo hacen 7 personas diferentes a la vez. El responsable de producción acaba haciendo caso “al que mejor llora”. Es decir, se responde más a las presiones que a los planes.
- Se resuelve un asunto a costa de demorar otros seis, además de generar costes de interrupción que nadie puede cuantificar.
- Puesto que esto genera una pérdida de capacidad y el resto de las órdenes de trabajo siguen pendientes, pronto aparecerán nuevas urgencias que obligarán a nuevos cambios de trabajo sin haber finalizado el que está en curso.
- Se genera una nueva pérdida de capacidad, lo que se convierte en un fenómeno endémico. Ya no se planifica; se persigue la urgencia.
- Pero lo peor de todo es que, debido a la incapacidad para anticipar correctamente las urgencias, lo que se adelante se hará mal con mucha probabilidad. Sin anticipación se garantiza la incidencia.
Otro causante de interrupciones.
- A veces, los directores financieros piden adelantar pedidos para facturar antes y así disponer de más liquidez.
- Director financiero, controller, CFO: adelantar pedidos para facturar antes puede hacer que factures menos el mes siguiente, porque has provocado una interrupción y se perderá capacidad.
- Para facturar más y facturar antes, necesitas capacidad de producción; suena obvio, lo sé.
¿Qué está pasando?
- Lo que sucede es que, debido a las interrupciones que provoca este “servicio excelente” que queremos prestar, se merma drásticamente la capacidad de producción y la moral.
- Como consecuencia, se reduce la capacidad de servicio a los clientes.
- De manera que se produce la paradoja de que, por dar “un buen servicio”, se penaliza la capacidad de prestar bien todos los servicios.
¿Cuál es la solución?
- Ser conscientes del coste de las interrupciones.
- Ser flexibles con la replanificación, pero inflexibles con la interrupción.
- Es decir, no iniciar un trabajo hasta finalizar el que está en curso.
- Implantar la política de NO INTERRUPCIÓN DEL TRABAJO EN CURSO.
En conclusión.
Si las operaciones fluyen sin interrupciones provocadas por presiones arbitrarias:
- Serviremos más pedidos a tiempo.
- Lo haremos a menor coste.
- Esto derivará en una tesorería más sana y en una mejor cuenta de resultados.
Preguntas frecuentes sobre pedidos urgentes:
Porque la urgencia rompe la planificación y reduce la capacidad real: se cambia de trabajo sin terminar el anterior, se pierde rendimiento debido a cambios de formato y se presentan incidencias por falta de anticipación.
Sobrecostes de producción (paradas, cambios, retrabajos), frustración y caída de la moral, pérdida de capacidad y, como efecto final, fallos de servicio y pérdida de competitividad.
Cuando comerciales (y a veces finanzas) saltan los cauces definidos y presionan directamente a producción. El responsable acaba priorizando a “quien mejor llora”; se arregla un pedido a costa de retrasar varios, y aparecen nuevas urgencias por acumulación.
Porque impide anticipar: sin tiempo para preparar materiales, información y medios, se adelanta “como sea” y aumenta la probabilidad de errores, dudas y retrabajos.
Ser flexibles con la replanificación, pero inflexibles con la interrupción: no iniciar un trabajo sin haber finalizado el que está en curso. Implantar la política de NO INTERRUPCIÓN DEL TRABAJO EN CURSO para proteger la capacidad y, paradójicamente, atender más pedidos a tiempo.










