Categoría: Cálculo de costes

  • Cálculo de costes, simplificación y beneficios: cómo convertir en rentables productos, clientes y situaciones no rentables.

    Cálculo de costes, simplificación y beneficios: cómo convertir en rentables productos, clientes y situaciones no rentables.

    El desconocimiento de los costes lleva a pérdida de ventas y a vender a pérdidas.

    La base de la estrategia está en concentrar los pocos recursos de los que dispones en los pocos productos y clientes que te dejan beneficio:

    • Deberás identificar cuáles son.
    • Hacer esto bien es lo que genera crecimiento, no al revés.
    • Estrategia es simplificación y luego concentración.

    Diagnóstico: esfuerzos no rentables.

    ¿Qué es más fácil: desarrollar un nuevo producto y esperar a que tenga éxito o dejar de fabricar un producto en el que sabemos que perdemos dinero?

    • Lo primero está lleno de incertidumbre y requiere un gran esfuerzo.
    • Lo segundo ya lo tienes; depende solo de ti y es relativamente fácil.

    Sin embargo, en la práctica solemos incrementar mucho la línea de productos y clientes, mientras que la facturación crece bastante menos:

    • Esto se debe a que se ha incurrido en costes de complejidad.
    • Estos costes se manifiestan de muchas maneras: crecimiento permanente del personal indirecto, más cambios de lote, lotes cada vez más pequeños y una caída abrupta de la productividad.
    • Y llega un punto en el que más esfuerzos no generan más ingresos.
    • Pero los esfuerzos son costes y, si no se corresponden con ingresos, se entra en pérdidas en ciertas categorías de clientes, productos y mercados.

    A partir de aquí, la cuestión clave es cómo identificar esas pérdidas y actuar sobre ellas.

    Cálculo de costes.

    Si tuvieras la información de que se está perdiendo mucho dinero en muchos de los esfuerzos que haces, obviamente, no los harías.

    Esta información requiere del cálculo riguroso de los costes, que debe contemplar:

    • Asignar correctamente los gastos generales:
      • Se suelen imputar proporcionalmente a la facturación.
      • Y no hay mayor error, porque los indirectos gestionan la complejidad, no el volumen.
    • Tener en cuenta el tamaño del lote en el incremento de los costes:
      • Un lote de la mitad puede multiplicar por tres los costes de manufactura por unidad fabricada.
      • Esto se debe a los costes de cambio que deben repartirse entre un número menor de unidades.
    • Incluir todas las variantes de servicio:
      • Urgencias.
      • Personalización.
      • Transportes.
      • Fabricaciones de muy pocas unidades.
      • Etc.
      • Es frecuente que estos extras se regalen.

    Conocidos los costes, se puede determinar el beneficio de cada esfuerzo.

    Simplificación.

    Una vez que se sabe cuáles son los esfuerzos (productos, clientes, mercados, etc.) que nos están generando pérdidas, es el momento de simplificar según las siguientes posibilidades:

    • Eliminación directa.
    • Unificación con otros productos.
    • Incremento de precios.
    • Establecimiento de políticas de servicio más favorables.
    • Fijación de pedidos mínimos.
    • Valoración del coste y del precio de las variantes y extras de servicios.
    • Etc.

    Concentración.

    Eliminado lo no rentable, dispones de más capacidad de gestión y capacidad física para crecer en lo rentable. Te centrarás en:

    • Atender mejor a los buenos clientes, es decir, a los rentables.
    • Mejorar y optimizar los procesos y los productos rentables.
    • Reforzar el marketing para vender más de lo que resulta rentable.
    • Mejorar tu posicionamiento de mercado en lo que destacas.

    Incremento de los beneficios.

    Incrementarás tus beneficios de forma casi directa y en dos sentidos:

    • Simplificación: se deja de restar lo que generaba pérdidas.
    • Concentración: se mejora e incrementa la producción de lo rentable.

    Esto es estrategia competitiva.

    Dada su importancia para la competitividad de la empresa, este tema se desarrollará con más detalle en próximos artículos, para que el lector pueda aplicar estas mejoras con mayor criterio y seguridad.

    En los siguientes artículos ampliaremos estos aspectos:

    • El coste de la complejidad.
    • Implicaciones del desconocimiento de los costes:
      • Pérdida de ventas.
      • Ventas a pérdidas.
      • Pérdidas de productividad.
      • Pérdidas de capacidad de producción.

    ESTO NO ES SIMPLEMENTE IMPORTANTE; ES DETERMINANTE.

    El desconocimiento de los costes conduce a la pérdida de ventas y a ventas a pérdida.

    La conclusión es simple:

    • Conoce tus costes y los beneficios de cada situación.
    • Simplifica: elimina lo no rentable.
    • Concentra todos tus recursos en lo rentable.
    • Incrementa tus beneficios con menos esfuerzo.

    Preguntas frecuentes sobre cálculo de costes industriales:

    ¿Por qué el desconocimiento de los costes te hace perder ventas y vender a pérdida?

    Porque sin un modelo de costes riguroso puedes ofrecer caro lo que en realidad es competitivo (y perder ofertas) o aceptar pedidos que parecen rentables, pero, por urgencias, extras y complejidad, terminan dejando un margen negativo.

    ¿Qué es el “coste de la complejidad” en una empresa industrial?

    Es el coste oculto de ampliar productos, variantes y clientes sin aumentar proporcionalmente la facturación: más personal indirecto, más cambios de lote, más interrupciones y una caída de la productividad que convierte el esfuerzo en pérdidas.

    ¿Por qué imputar los gastos generales “a proporción de facturación” es un error?

    Porque los indirectos suelen gestionar la complejidad, no el volumen. Si repartes los gastos generales como un porcentaje lineal de las ventas, castigas los pedidos simples y subvencionas los complejos (y el precio final se distorsiona).

    ¿Cómo afecta el tamaño de lote al coste de manufactura por unidad?

    Muchísimo: al reducir el lote, el coste del cambio (preparación, ajustes, arranques) se reparte entre menos unidades y el coste unitario se multiplica. Por eso, los pedidos pequeños sin recargo suelen destruir el margen.

    ¿Qué pasos prácticos propone el artículo para aumentar los beneficios?

    1. Calcular costes con criterio (overhead, lotes, extras/servicios).
    2. Simplificar: eliminar, unificar, subir precios, fijar mínimos y tarificar los extras (urgencias, personalizaciones, transportes, etc.).
    3. Concentrar recursos en lo rentable (mejor servicio a buenos clientes, optimizar procesos y vender más de lo que deja margen).

  • ABC de productos e imputación de costes.

    ABC de productos e imputación de costes.

    La simplificación aplicada al cálculo de costes, basada principalmente en medias, conduce a errores que afectan a la cuenta de resultados y a la capacidad de producción de toda la industria.

    Por ejemplo, si preguntas al controller o al director financiero, te pueden decir algo como:

    • Los obsoletos tienen un coste de 140.000 € al año, lo que, si tenemos en cuenta que nuestra facturación es de 10.000.000 €, representa el 1,4 % de las ventas.
    • Pero no hay problema, porque ese coste se imputa a los gastos generales y, por tanto, se repercute en los clientes.

    De la misma manera, te explicarán cuál es el coste medio de las reclamaciones de los clientes.

    En cualquiera de los casos, la conclusión es muy distorsionada, porque ese coste no se está repercutiendo realmente en los clientes. Veamos por qué.

    El ABC de productos por volumen de ventas.

    Por volumen de ventas, el ABC de productos se describe de la siguiente manera:

    Tipo de ProductoProductos (%)Volumen de Ventas (%)
    Tipo A10-2070-80
    Tipo B20-3015-25
    Tipo C50-705-10

    Con fines pedagógicos, me centraré en los extremos: en los comportamientos de los productos A y C.

    Los obsoletos y el ABC de producto.

    Los obsoletos o caducados pueden darse por los siguientes factores:

    1. Materias primas.
    2. Materias auxiliares.
    3. Producto terminado.

    ¿Qué tipo de productos generan obsoletos?

    Tipo A:

    • Estos productos son de alta rotación.
      • Por tanto, todos los materiales asociados a estos se consumen.
    • Su demanda suele ser predecible a partir de su historial; sigue un patrón de diente de sierra.
      • Por tanto, su producción suele ser coherente con la demanda.
    • Los productos tipo A no generan obsolescencia.

    Tipo C:

    • Estos productos tienen una rotación muy baja.
    • Su demanda es impredecible; va a golpes.
    • No hay históricos que puedan modelizar su demanda.
      • Por eso, es imposible acertar con las cantidades necesarias de aprovisionamiento y producción.
    • Los productos tipo C son los que se vuelven obsoletos.

    Así, siguiendo el razonamiento inicial, los 140.000 € de obsoletos quedan repartidos sobre los 10.000.000 € de facturación y parecen representar solo un 1,4 % de las ventas. Pero, a la luz de lo que acabamos de ver, ese reparto no refleja qué productos generan realmente ese coste. Por tanto, rehagamos el cálculo. De los 10.000.000 € de facturación:

    • 6.000.000 € se deben a productos tipo A y no generan obsolescencia.
    • 1.000.000 € se deben a productos tipo C y son los que generan los obsoletos:
      • Por un importe de 140.000 €.
      • Lo que supone un 14 % de la facturación.

    Bien, del 1,4 % de costes por obsoletos que teníamos en un principio, si analizamos mínimamente, nos encontramos con que:

    • El 0 % corresponde a los productos tipo A.
    • Y el 14 % corresponde a los productos tipo C.

    Consecuencias de imputar mal el coste de los obsoletos.

    Ese modo de imputar el coste de los obsoletos, como si afectara por igual a todos los productos, tiene las siguientes consecuencias:

    • Encarecimiento artificial del tipo A:
      • Son muy sensibles al precio.
      • Nos hace perder ventas rentables.
    • Abaratamiento artificial del tipo C:
      • Fomentamos la demanda del tipo C porque lo estamos subvencionando.
      • En esas condiciones, cuanto más se vende, mayor puede ser la pérdida.
    • Al vender menos del A, no hay dinero para subvencionar el C. Por tanto, dicha subvención sale de la cuenta de resultados.
      • Esto muestra que ese coste no se está repercutiendo realmente al cliente.

    Las reclamaciones de los clientes y el ABC.

    En este caso, los cálculos llegan a la misma conclusión, pero por una razón distinta: como especificar con precisión es muy difícil, siempre estamos expuestos a que lo que entregamos coincida, o no, con lo que el cliente esperaba.

    Especificar bien un producto es difícil. Cuanto más completa sea tu ficha técnica para definirlo y evitar problemas de expectativa, menos probable será que tu cliente la lea.

    • En el producto tipo A no hay problema de expectativa, el cliente sabe lo que espera y suele coincidir con lo que le llega.
    • El producto tipo C se hace muy poco. El cliente no lo conoce bien y nosotros mismos tenemos dificultades para ofrecer un producto homogéneo por falta de repetibilidad. Ni nos acordamos de cómo se hace: de un lote de producción a otro hay mucha variación en los resultados.

    Son los productos tipo C los que concentran las reclamaciones y sus costes derivados.

    Otros factores.

    Además de lo anterior, tenemos los siguientes factores que distorsionan la imputación de costes debido a la complejidad que generan los productos tipo C:

    • Personal indirecto que tiene que dedicarse a una gestión compleja:
      • Administrativos gestionando incidencias.
      • Técnicos e inspectores de calidad.
      • Personal de compras.
    • Capacidad de producción (mano de obra directa, horas de máquina y superficie de tu industria).
    • Ocupación del almacén con una variedad de referencias.
    • Tiempos de cambio de formato.
    • Reprocesos y defectos.
    • Merma de materiales.
    • Desviación sobre el tiempo estándar.
    • Gestión de urgencias.

    Conclusión: una hipótesis de trabajo.

    • Estás perdiendo dinero con productos tipo C.
    • Estás perdiendo ventas de productos rentables tipo A.
    • Si abandonas las medias aritméticas y analizas con más rigor, puede que los cálculos te digan algo parecido a esto:
      • Podría ser necesario incrementar el precio de los productos tipo C en más del 30 %.
      • Podría ser conveniente reducir los precios del tipo A en un 3 %.
      • El mercado hará su trabajo de ajuste en función de esta coherencia.
    • Y otro factor más importante, si cabe: la gestión de tanta complejidad conduce a un alto grado de frustración entre todos los colaboradores debido a la sensación de pérdida de control.

    PARA EVITAR SUBVENCIONES CRUZADAS, LOS COSTES DERIVADOS DE LA VARIABILIDAD DEBEN IMPUTARSE A LOS PRODUCTOS QUE LA GENERAN.

    El desconocimiento de los costes conduce a la pérdida de ventas y a ventas a pérdida.

    La conclusión es simple:

    • Conoce tus costes y los beneficios de cada situación.
    • Simplifica: elimina lo no rentable.
    • Concentra todos tus recursos en lo rentable.
    • Incrementa tus beneficios con menos esfuerzo.

    Preguntas frecuentes sobre análisis ABC de productos:

    ¿Qué es el ABC de productos por volumen de ventas?

    Es una clasificación típica en la que pocos productos (A) concentran gran parte del volumen y las ventas, un grupo intermedio (B) aporta una parte moderada y una larga cola (C) aporta poco volumen, pero mucha variedad y complejidad.

    ¿Por qué imputar costes “por medias” (gastos generales) distorsiona la rentabilidad?

    Porque muchos costes (obsolescencia, reclamaciones, complejidad administrativa) no los generan todos los productos por igual. Si los repartes “a porcentaje” sobre toda la facturación, castigas a los productos A y subvencionas a los C.

    ¿Qué relación tienen los obsoletos/caducados con los productos tipo C?

    Los C tienen baja rotación y demanda impredecible, por lo que es más probable equivocarse en el aprovisionamiento/producción y acabar con materias primas, auxiliares o producto terminado obsoleto. En cambio, los A suelen consumir su material por rotación.

    ¿Por qué las reclamaciones de los clientes se concentran más en los productos C?

    Porque se fabrican poco, hay menos repetibilidad, se pierde “memoria” del método entre lotes y la expectativa del cliente es más difícil de fijar (más riesgo de variaciones y malentendidos). Eso eleva las reclamaciones y su coste asociado.

    ¿Cómo evitar el “subsidio cruzado” entre los productos A y C?

    Imputando correctamente los gastos generales según quién genera complejidad: asignar un mayor coste a tipologías/pedidos que consumen más soporte (variantes, baja repetitividad, gestión comercial/técnica, reclamaciones) y proteger los productos A con precios más competitivos, dejando que el mercado ajuste la demanda cuando el precio refleja la realidad.

  • Perder ofertas por no conocer el porqué de los costes.

    Perder ofertas por no conocer el porqué de los costes.

    Hay dos cosas que no te va a consentir el mercado:

    • Que imputes todas tus ineficiencias a tus costes.
    • Que imputes costes por conceptos que el cliente no te ha pedido.

    Y es que, aunque seas intrínsecamente competitivo, un modelo de costes erróneo puede llevarte a la pérdida total de competitividad.

    En el caso que vamos a ver, la ineficiencia se debía a un volumen de ventas bajo, lo que se traducía en una elevada repercusión de los gastos generales por unidad vendida.

    Estos elevados gastos generales se cargaban en los costes, por lo que se vendía menos y, con ello, subían más.

    Para empeorar las cosas, se comete el error generalizado de meter en la bolsa de gastos generales absolutamente todo lo que no sea mano de obra directa ni materiales.

    Eso tampoco es correcto, ya que hay servicios de soporte que no requieren algunos clientes. Cargarles su coste por el hecho de que tú tienes ese gasto es incoherente e injusto y, como tal, se convertirá en una pérdida de ventas.

    Cuando el modelo de costes te pone en contra del mercado.

    Veamos un ejemplo muy habitual:

    Un controller calculó que, sobre el coste directo de producción, los gastos generales de una empresa representaban un 18 %. Este valor incluía:

    • Administración general.
    • Gastos financieros.
    • Gastos comerciales.
    • Oficina técnica.
    • Dirección.
    • Gastos varios: impuestos, energía, alquileres, etc.

    Sobre esto, se aplicaba un margen neto del 12 %. De manera que sus presupuestos se configuraban de la siguiente manera:

    Precio = Costes directos + Gastos generales (18 %) + Margen neto (12 %)

    Con esta estructura se estaban quedando fuera del mercado y tenían la fábrica prácticamente parada, casi sin pedidos. El comercial tenía unas 30 ofertas pendientes de aprobación y le pidió al controller que se revisaran una a una para intentar bajar los precios. Y así es como transcurrió la conversación:

    • Controller:
      • No podemos bajar los precios; si lo hacemos, perderemos dinero.
    • Comercial:
      • Pero si tenemos al personal parado, ¿no será mejor vender, aunque sea a margen cero, y dar trabajo a la fábrica?
    • Controller:
      • No, no podemos vender a pérdidas.
    • Yo:
      • Ya está teniendo muchas pérdidas una fábrica sin pedidos. Y, si no conseguimos cerrar pedidos, es porque el modelo de cálculo está mal. Por tanto, no se trata de revisar oferta por oferta para ver qué podemos bajar, sino de revisar todo el modelo.

    Revisada la situación, resulta que, de las 30 ofertas pendientes, 17 tenían las siguientes características:

    • No necesitaban una oficina técnica porque el producto estaba totalmente definido y detallado por el cliente.
    • Casi no tenían coste comercial o, desde luego, no el coste habitual. Los vendedores no tenían que desplazarse ni dedicar mucho tiempo.
    • Eran ofertas de mucho volumen.

    Si se tenía en cuenta lo anterior, los gastos generales imputables a estas ofertas serían inferiores al 8 % y el margen neto podría reducirse al 10 % (el importe de los pedidos lo compensaba). Con ello, el precio se reduciría en más del 12 %.

    El comercial afirmó que, si aplicaba ese criterio, conseguiría más de la mitad de las ofertas pendientes. Y que, como eran de cierto volumen, la fábrica tendría carga durante mucho tiempo. Y ahí llegó el choque:

    • Controller:
      • ¡Discrepo! No se puede descontar el coste de los comerciales ni el de la oficina técnica. Yo los tengo que pagar igual.
    • Yo:
      • ¿Por qué? Si estos clientes no requieren este servicio. Imagina que solo tuvieras este tipo de clientes: directamente no tendrías comerciales ni oficina técnica. ¿Por qué tienen que pagarte ese soporte?
    • Controller:
      • De acuerdo, lo bajamos, pero entonces deberemos aumentar los gastos generales del resto de los pedidos; de lo contrario, me faltaría dinero para pagar a estos departamentos.
    • Yo:
      • ¿Por qué? Si el dinero que te entrará por captar este tipo de clientes se suma a lo anterior. De manera que los gastos generales comunes a todos se diluirán más. Es decir, si conseguimos vender más, podrás reducir la imputación de los gastos generales.

    Conclusión.

    El coste no es un dato estático, sino el resultado de un comportamiento o de un objetivo que perseguimos, que surge de una simulación.

    Debes tener en cuenta que tiene efectos de segundo orden porque el precio determina el comportamiento del cliente:

    • Si quiero vender el doble, deberé suponer que lo haré y recalcular mis costes en función de ese supuesto. Lo cual estará a favor del mercado, porque diluiré mis gastos generales a la mitad. Con lo cual será más probable que alcance mi objetivo.
    • Además de la reducción de gastos generales, debo suponer que compraré mejor por el volumen; tendré lotes de producción más productivos, etc.
    • Si me caen las ventas, no puedo subir los precios como me ha subido la repercusión de los gastos generales. Si lo hacemos, venderemos menos todavía.
    • Puedo tener un departamento de I+D, pero no puedo cargar su coste a productos que llevan 20 años siendo igual y que están bien.
    • En definitiva, lo que nunca puedes hacer es ponerte en contra del mercado porque te lo diga una fórmula o un modelo de costes. Si ese es el caso, tienes que cambiar tu modelo.

    Por cierto, la fábrica de nuestro relato lleva ya 5 años con pedidos y beneficios gracias a un modelo de costes coherente con el mercado, pero, sobre todo, con la realidad.

    El desconocimiento de los costes lleva a pérdida de ventas y a ventas a pérdida.

    La conclusión es simple:

    • Conoce tus costes y los beneficios de cada situación.
    • Simplifica: elimina lo no rentable.
    • Concentra todos tus recursos en lo rentable.
    • Incrementa tus beneficios con menos esfuerzo.

    Preguntas frecuentes sobre escandallo de costes:

    ¿Por qué un modelo de costes incorrecto puede hacerte “no competitivo” aunque fabriques bien?

    Porque puedes estar imputando al precio ineficiencias internas (bajo volumen, estructura sobredimensionada) o costes que ese cliente/pedido no genera. El mercado no te “paga” por tus errores de estructura.

    ¿Qué error es considerar “todo lo indirecto” como gastos generales para todos los pedidos?

    Que no todos los clientes utilizan los mismos servicios de soporte (comercial, oficina técnica, etc.). Si lo cargas por igual, encareces ofertas que deberían ser muy competitivas y pierdes ventas rentables.

    ¿Cuándo tiene sentido imputar menos gastos generales a una oferta?

    Cuando el pedido viene totalmente definido (poca o nula oficina técnica), requiere poco esfuerzo comercial, es de gran volumen o reduce la complejidad. En esos casos, el overhead “atribuible” es menor y el precio debería reflejarlo.

    Si “yo tengo que pagar igual” a comerciales y oficina técnica, ¿por qué bajar ese coste en ciertas ofertas?

    Porque el criterio correcto no es “tengo el departamento”, sino “este pedido lo usa”. Si captas pedidos que no requieren ese soporte, aumentas el volumen y diluyes los gastos comunes, lo que mejora la competitividad del conjunto.

    ¿Cuál es la conclusión práctica para no perder ofertas por costes?

    Tratar el coste como un modelo o simulación (no como un dato fijo): recalcular según escenarios (más ventas, más volumen, lotes mejores, menos overhead por unidad) y alinear el precio con la realidad del pedido y con lo que el mercado acepta.

  • Por qué sí debes preocuparte por los costes aunque el precio lo marque el mercado.

    Por qué sí debes preocuparte por los costes aunque el precio lo marque el mercado.

    No conocer el coste de producción y por qué se produce genera estrategias incoherentes que merman drásticamente los márgenes de venta.

    Y sí, puede ser que el precio lo determine el mercado, pero quien toma las decisiones tienes que ser tú.

    Antecedentes.

    Un buen amigo tiene una fábrica de casetas prefabricadas. Un día me llamó para decirme que tenía una preocupación sobre los márgenes que obtenía por cada caseta.

    La empresa, en general, iba bien; tenía demanda y beneficios cada año. No obstante, su intuición le decía que los costes no se estaban calculando correctamente y que, en algunas ocasiones, se perdía dinero o se ofertaba demasiado caro y se perdía el pedido.

    Estas sospechas se debían a algo que sucedía con mucha frecuencia: los beneficios reales no se correspondían con los márgenes que supuestamente cargamos al producto.

    Me pidió que me reuniera con él para tratar el asunto y ver si había algún error en su método de cálculo.

    Análisis del sistema actual de cálculo de costes.

    Tras revisar el modelo, detecté ciertos errores que podían generar incoherencias entre el coste real y el calculado. Los principales eran estos:

    • Se imputaban los costes de la oficina técnica a todas las casetas como una proporción, aunque había ciertos modelos que no requerían trabajo de ingeniería.
    • No se tenía en cuenta la cantidad de casetas pedidas de un mismo modelo por proyecto, ni lo que esto podía reducir o incrementar los costes en caso de pocas unidades. Es decir, se obviaba un parámetro tan crítico como el tamaño del lote.
    • A las casetas especialmente complejas y únicas, no se les imputaba el coste de dicha complejidad: ingeniería, errores, comunicaciones comerciales ni la menor productividad en el montaje.
    • A las casetas que algunos clientes pedían de manera recurrente se les imputaban los mismos costes comerciales que a la venta de otros proyectos en los que el vendedor tuvo que hacer hasta 7 viajes para firmar el contrato.
    • No se tenían en cuenta las variantes de comportamiento del cliente: urgencias, formas de pago, personalizaciones, cambios permanentes, etc.

    La forma de resolver todas esas imprecisiones era la típica: meter en un saco todos los gastos de soporte y calcular qué porcentaje suponían con respecto al coste directo (un 21 % en este caso), de manera que se generaban dos perversiones:

    • Había subvenciones entre productos: los que menos costaban subvencionaban a los demás (con los efectos nocivos de mercado que comentaremos más adelante).
    • Y, peor aún, los buenos clientes, los que generaban poco coste gracias a su buen comportamiento, estaban subvencionando a los malos clientes.

    Mi amigo lo vio claro y me dijo que le gustaría que le mostrara a su director financiero este análisis y que le contara la manera correcta de hacer el cálculo.

    En este caso, se manifiesta el error recurrente de dejar algo tan serio como el cálculo de costes en manos de alguien que desconoce cómo funciona realmente el proceso de producción y que, como veremos más adelante, tampoco tiene interés en comprenderlo. Entonces, se reacciona como es frecuente: un exceso de ignorancia conduce a una simplificación excesiva, que a su vez conduce a un exceso de error.

    Propuesta de metodología para el cálculo de costes.

    Finalmente, nos reunimos en mi casa, esta vez con el director financiero. Le expuse el análisis y le propuse una forma de calcular que imputara a cada caseta los costes, tanto directos como de soporte, que le corresponden.

    Para empezar, hice una clasificación:

    Casetas Tipo A:

    • 50 % de la demanda.

    • No tienen cambios ni personalización.

    • Se suelen hacer en lotes de al menos 10 unidades.

    • Gastos Generales: 8 %.

    Casetas Tipo B:

    • 35 % de la demanda.
    • Como las casetas Tipo A, pero con personalización.
    • Requieren cierta oficina técnica y cierta atención comercial para definir las variantes.
    • Se suelen hacer en lotes de 4 unidades.
    • Gastos Generales: 22 %.

    Casetas Tipo C:

    • 15 % de la demanda.
    • Son totalmente personalizadas.
    • Requieren mucha oficina técnica y mucha dedicación comercial.
    • Los lotes son unitarios.
    • Gastos Generales: 48 %.

    Variantes de comportamiento de cliente:

    • Se tendrá que calcular según cada cliente.

    Si la clasificación anterior es correcta, como creo que es, eso implica que, al vender todo con un 21 % de gastos generales, estamos haciendo lo siguiente:

    • Encarecemos artificialmente los productos Tipo A y, entonces, el mercado nos compra cada vez menos.
    • Abaratamos artificialmente los productos Tipo C. Entonces, el mercado nos pide cada vez más de estos productos. Esto provoca una necesidad creciente de personal indirecto destinado a gestionar la complejidad.
      • Obviamente, el precio alto del producto Tipo A no compensa el bajo del Tipo C, porque del primero se venderá cada vez menos.
    • Lo mismo pasa con la tipología de clientes. Los malos clientes sienten que no se les imputa el coste de sus fechorías, y los buenos, que no se les trata todo lo bien que se debiera. Entonces, cada vez tenemos más clientes malos.

    Exposición de la solución y nivel de acogida.

    Le expliqué que tendríamos que crear una arquitectura de costes y categorizar las tipologías de casetas, repercutiendo en cada una los costes que generan. Añadí que no se asustase, que tenía experiencia y que no iba a proponer un sistema de gestión más costoso que el propio problema que trataba de resolver.

    Comenté que puede haber proyectos que, por euro facturado, requieren 10 o 20 veces más horas de oficina técnica que otros y que, por este motivo, no se podía repartir como parte de los gastos generales. Esto mismo también sucedía con los gastos comerciales.

    Por otra parte, vimos cómo el comportamiento del cliente podría incrementar nuestro coste y, por eso, debíamos formular un sistema de variantes que premiara a los buenos clientes y que repercutiera el coste de su comportamiento en los no tan buenos.

    Analizamos el coste de la complejidad y cómo la multitud de modelos diferentes incrementaba el personal de soporte o indirecto.

    Esta explicación me llevó aproximadamente una hora y media. Cuando terminé, le pregunté al director financiero qué le parecía y, entre bostezos, me contestó:

    • Director Financiero:
      • A mí el coste me da igual, ya que el precio lo marca el mercado.
      • Si mi margen medio es del 10 % y el mercado fija el precio de venta, entonces doy por hecho que el coste será ese precio menos un 10 % y, al final del año, siempre me cuadra. ¿Para qué me voy a complicar tanto la vida?
    • Yo:
      • Espera, entonces, si vendes una caseta a 100, ¿supones que su coste ha sido de 90?
    • Director Financiero:
      • Sí.
    • Yo:
      • Y si, por lo que sea, se ha negociado duramente y la vendes por 90, ¿supones que el coste de la misma caseta es de 81?
    • Director Financiero:
      • Sí, claro.

    En ese momento, pensé sinceramente que aquello no podía ir en serio y le pedí a mi amigo que me sacara de esa reunión cuanto antes, porque me faltaba el aire. Pero me pidió que me calmara, que perseverara y que intentara explicar por qué ese razonamiento no es correcto.

    Conclusión y últimos esfuerzos.

    La totalidad del negocio representa siempre el 100 % de los beneficios. Pero esto no significa que sea lineal, es decir, la mitad de los pedidos no te aporta el 50 % del beneficio.

    Es más que frecuente que un 40 % de los productos (o clientes) contribuyan a la cuenta de resultados con un 150 % del beneficio y que el 60 % restante contribuya con un -50 %.  Conocer el coste te aporta capacidad de decisión y de formular estrategias coherentes.

    El mercado marca el precio, pero eres tú quien decide qué le vende. ¿Por qué? Porque hay muchos agentes, cada uno con habilidades y ventajas distintas. Es más, lo anterior puede depender del momento, puedo estar bajo de carga y que me interese coger pedidos renunciando a márgenes, o todo lo contrario.

    En una situación de madurez del sector y de sobrecapacidad productiva, el precio de cada tipo de producto se ajustará a lo que marque el más competitivo en esa categoría. Y siendo así, ¿por qué iba a vender algo en lo que no voy a tener margen? ¿No será preferible concentrar la atención en aquello en lo que soy competitivo?

    Además, si renuncias a aquello en lo que no tienes margen, se lo dejarás a tu competencia, que lo saturará y te dejará disponible lo que te resulta más rentable.

    Las personas inteligentes que dispongan de información correcta tomarán decisiones inteligentes.

    El desconocimiento de los costes lleva a pérdida de ventas y a ventas a pérdida.

    La conclusión es simple:

    • Conoce tus costes y los beneficios de cada situación.
    • Simplifica: elimina lo no rentable.
    • Concentra todos tus recursos en lo rentable.
    • Incrementa tus beneficios con menos esfuerzo.

    Preguntas frecuentes sobre costes de producción:

    Si el mercado marca el precio, ¿por qué importan los costes?

    Porque el mercado no garantiza tu margen. Si no conoces el coste real por producto/cliente, puedes aceptar pedidos que destruyen el beneficio o rechazar otros que sí eran rentables en tu modelo por “parecer caros”.

    ¿Qué problema tiene repartir los gastos generales con un único porcentaje para todo?

    Genera subvenciones cruzadas: los productos simples (y buenos clientes) acaban pagando la complejidad y el soporte que generan otros productos. Resultado: encareces lo que deberías vender más y abaratas lo que deberías vender menos.

    ¿Qué variables hacen que el coste real varíe tanto entre pedidos?

    Tamaño de lote, necesidad de oficina técnica/ingeniería, complejidad (modelos únicos), esfuerzo comercial real, urgencias/cambios del cliente, condiciones de pago y nivel de interrupciones que provoca el proyecto.


    ¿Cómo se puede estructurar un modelo de costes sin que su gestión resulte más costosa que el problema que pretende resolver?

    Clasificando por tipologías (p. ej., A/B/C) y asignando a cada una un nivel de soporte distinto, más un “factor cliente” según el comportamiento. Es un modelo basado en reglas simples que captura lo gordo sin burocracia.

    ¿Qué decisión estratégica te permite conocer los costes con rigor?

    Elegir qué vender y a quién: eliminar lo no rentable, premiar a los buenos clientes y concentrar recursos en las categorías en las que eres competitivo. Eso suele aumentar los beneficios, con menor complejidad y menos desgaste.

  • ¿Cuál es el coste de producción de un artículo?

    ¿Cuál es el coste de producción de un artículo?

    Esta pregunta no tiene respuesta; está mal formulada. En realidad, depende de muchas circunstancias.

    Hay quien me dirá que conoce el coste de sus artículos hasta con 5 decimales: la referencia 25B2 tiene un coste de 17,34471 €.

    Esto solo demuestra un mayor desconocimiento.

    De hecho, ¿no te sucede que, a partir de unos márgenes teóricos netos del 25 %, el beneficio real no es ni una tercera parte de lo previsto? Te cuento el porqué.

    Qué hace variar el coste de producción en la práctica.

    El coste de un producto no depende únicamente de sus factores básicos de fabricación (como pueden ser la energía, las materias primas y la mano de obra). También depende de toda una serie de condiciones de contorno, por ejemplo:

    • Tamaño del lote con el que fabricas: ¿se respetan los lotes mínimos u óptimos?
    • Urgencias e interrupciones: ¿se respetan los plazos de entrega?
    • Repetitividad de la fabricación de este producto (y asimilación de la curva de aprendizaje).
    • Buen o mal comportamiento o conflictividad del cliente.
    • Forma de recibir los pedidos: anticipación, calidad de la información, etc.
    • Nivel de personalización.
    • Volumen total de ventas y reparto de los gastos generales.

    Y cada vez que se rompe alguno de los supuestos sobre los que se calculó el coste, el margen sufre una merma.

    De manera que, a lo que tenemos que aspirar (más que a conocer el coste como una cifra estática, lo cual no existe) es a conocer el PORQUÉ DEL COSTE. Esta información nos llevará a adoptar estrategias y políticas de comportamiento alineadas con nuestros objetivos y a mejorar la cuenta de resultados.

    El coste como modelo: preguntas que debe responder.

    El coste no es un dato estático: debe tratarse como una fórmula que te pueda dar respuestas a las siguientes preguntas:

    • ¿Cómo se reduce el coste si duplico mis ventas?
    • ¿Qué pasa si fabrico lotes de producción de la mitad de unidades?
    • ¿Qué pasa si los lotes son el doble?
    • ¿Qué efecto tiene que un cliente me interrumpa 3 veces la producción?
    • ¿Cuánto le cuesta a mi oficina técnica que la información llegue incompleta?
    • ¿Cuánto cuesta atender pedidos de urgencia?
    • ¿Cuánto cuesta mantener inventario de todas las materias primas y del producto terminado?

    El desconocimiento de los costes conduce a la pérdida de ventas y a ventas a pérdida.

    La conclusión es simple:

    • Conoce tus costes y los beneficios de cada situación.
    • Simplifica: elimina lo no rentable.
    • Concentra todos tus recursos en lo rentable.
    • Incrementa tus beneficios con menos esfuerzo.

    Preguntas frecuentes sobre coste de producción:

    ¿Se puede conocer el coste exacto de un producto con una cifra única?

    En la práctica, no como dato estático. El “coste” varía según las condiciones de fabricación y de gestión (lotes, interrupciones, repetitividad, personalización, etc.). Lo útil es entender el porqué del coste.

    ¿Por qué mis márgenes teóricos no coinciden con el beneficio real?

    Porque el cálculo parte de supuestos (lotes, plazos, estabilidad, información adecuada, baja variabilidad). Cuando esos supuestos se rompen, aparecen mermas de margen: urgencias, cambios, reprocesos, tiempos indirectos y gastos generales mal absorbidos.

    ¿Qué factores externos a la fabricación influyen más en el coste final?

    Tamaño del lote, nivel de urgencias e interrupciones, repetitividad y curva de aprendizaje, comportamiento del cliente, calidad y anticipación de los pedidos, grado de personalización y volumen total de ventas (reparto de gastos generales).

    ¿Cómo debería plantearse el coste para que sirva para decidir?

    Como una fórmula (modelo) que responda a escenarios: qué pasa si duplico las ventas, si cambio de lotes, si un cliente interrumpe X veces, si llega información incompleta, si sirvo urgencias o si aumento los inventarios.

    ¿Qué riesgo tiene no conocer bien los costes?

    Dos clásicos: perder ventas por no saber competir en lo rentable y, peor aún, vender a pérdida sin darte cuenta. Entender los costes permite simplificar (eliminar lo no rentable) y concentrar recursos en lo que sí aporta margen.

  • El coste de almacenaje: coste del valor y del volumen.

    El coste de almacenaje: coste del valor y del volumen.

    La mayoría de los autores en esta materia consideran que el coste de almacenaje es proporcional al precio o valor de la unidad almacenada. Zadecon ha desarrollado un modelo de cálculo en el que no solo se considera el valor de la unidad almacenada, sino que también se considera el volumen que ocupa el artículo ubicado en nuestro almacén.

    El coste de almacenaje en el lote óptimo.

    Ante la pregunta: ¿cuánta cantidad pedir? La respuesta habitual es: el lote óptimo, que responde a la siguiente expresión matemática:

    fórmula lote óptimo

    Donde:

    • Q₀ = lote óptimo.
    • Dm = demanda media anual.
    • Cp = coste de adquisición.
    • Cs = coste de almacenaje. El cálculo de esta variable es el objetivo de este escrito.

    Con este método de cálculo, el coste de almacenar un artículo es la suma del coste de almacenar el valor del artículo más el coste de ocupar un volumen en el almacén:

    El coste financiero está causado por tener valor inmovilizado.

    El coste por volumen está causado por tener espacio ocupado.

    Densidad de valor y coste de almacenaje.

    A partir de múltiples proyectos de reducción de inventario, Zadecon ha observado que hacer proporcional el coste de almacenaje del stock únicamente en función del valor monetario del producto genera incoherencias en determinados casos. Esto se debe a la densidad de valor.

    La densidad de valor es el valor monetario del producto almacenado dividido entre el volumen que ocupa. Se mide en [€/m³].

    Veamos dos ejemplos: un anillo de oro de 24 quilates tiene una densidad de valor muy alta, mientras que un palé de ladrillo hueco tiene una densidad de valor muy baja. El anillo concentra mucho valor monetario en un volumen muy pequeño, mientras que el palé de ladrillos tiene poco valor monetario, pero requiere un gran volumen para su almacenaje.

    Por lo tanto, se constata lo siguiente:

    • En artículos de alta densidad de valor, el coste del volumen es muy bajo y el coste del valor es muy alto.
    • En artículos de baja densidad de valor, el coste del volumen es lo determinante y el coste del valor es relativamente bajo.

    Esto implica que, cuando se calculan lotes óptimos en artículos de baja densidad de valor mediante el método tradicional (que considera el coste de almacenaje únicamente proporcional al valor), los lotes óptimos resultan erróneamente altos, ya que no se tiene en cuenta el coste asociado al volumen ocupado.

    El coste del volumen viene determinado por los costes asociados al espacio que ocupa el artículo:

    • Alquiler de metros cúbicos de nave destinados a almacén.
    • Amortización de estanterías.
    • Desplazamientos dentro del almacén: cuanto mayor es la pieza, más espacio requiere cada unidad almacenada y mayor es el número de operarios y carretilleros necesarios para realizar las tareas de almacén.
    • Energía eléctrica necesaria para iluminar la nave.

    Estos costes existen incluso aunque el valor de la pieza sea cero. En artículos de baja densidad de valor no son irrelevantes; más bien al contrario.

    El coste del valor viene dado por la inmovilización de capital y por el riesgo asociado a mantener dicho capital almacenado. Incluye:

    • Coste de financiación o de oportunidad.
    • Coste del seguro del contenido.
    • Riesgo de obsolescencia.

    El siguiente gráfico compara la repercusión del coste del valor y del coste por volumen en dos artículos: uno de alta densidad de valor y otro de baja densidad de valor:

    coste de almacenaje

    Si representamos la repercusión de estos costes en función del tamaño del lote, obtenemos lo siguiente:

    • Para un artículo con alta densidad de valor:
    alta densidad
    • Para un artículo con baja densidad de valor:
    baja densidad

    A continuación, se desarrolla el cálculo del coste de almacenaje con sus dos componentes de coste:

    Cs = Csv + Csf

    Donde:

    • Csv = coste de almacenaje debido al volumen por unidad de tiempo.
    • Csf = coste de almacenaje debido al valor por unidad de tiempo.

    Si representamos gráficamente todas estas variables (coste de adquisición, coste de almacenaje, coste total del producto y lote óptimo), obtenemos un gráfico con el siguiente aspecto:

    gráfico óptimo

    A partir de aquí, se pueden calcular cada una de las variables y sus componentes de forma independiente.

    Coste del volumen.

    El coste del volumen (Csv) recoge todos los costes asociados al almacenamiento de la pieza derivados de su tamaño y de las implicaciones que este conlleva:

    • Tamaño del almacén: el espacio necesario es proporcional al volumen de las piezas.
    • Estanterías: su necesidad y dimensionamiento dependen también del volumen almacenado.
    • Energía consumida en el almacén: se debe principalmente a la iluminación y, de forma aproximada, guarda relación con el volumen del edificio.
    • Mano de obra de manipulación y transporte: cuanto mayor es el volumen, mayores son los desplazamientos y el tiempo necesario para manipular las piezas.
    • Medios de transporte: del mismo modo, a mayores distancias y mayor volumen, más medios de transporte son necesarios, como carretillas y elevadores.
    • Otros.

    Cálculo del coste del volumen.

    Las unidades de Csv son coste por unidad de tiempo para un artículo determinado. Su expresión es la siguiente:

    Csv = Cv × volumen del artículo

    Donde Cv es el coste del volumen por unidad de tiempo y por unidad de volumen.

    Cv es un parámetro asociado a las condiciones y a la estructura de costes del almacén, no al artículo concreto. Se expresa en unidades de coste/(tiempo × volumen), y su expresión es la siguiente:

    Cv = Cedificio + Cenergía + Cmanipulación + Cmedios

    Donde cada término representa un coste referido a un mismo periodo de tiempo y dividido entre el volumen neto del almacén. En concreto:

    • Cedificio = coste de alquiler o amortización / volumen neto del almacén.
    • Cenergía = coste de energía / volumen neto del almacén.
    • Cmanipulación = coste de mano de obra de manipulación / volumen neto del almacén.
    • Cmedios = coste de medios de manipulación / volumen neto del almacén.
      • Como medios se consideran aquellos del tipo: carretillas elevadoras, montacargas, medios de transporte, etc.

    Todos los costes deben expresarse por unidad de tiempo (por ejemplo, como coste mensual de alquiler), y resulta fundamental mantener la coherencia entre las unidades utilizadas.

    Coste del valor.

    El coste del valor (Csf) recoge todos los costes asociados al mantenimiento del valor del stock almacenado. Generalmente, está compuesto por los siguientes conceptos:

    • Coste financiero (deuda u oportunidad): si la empresa está endeudada, el coste financiero viene dado por el tipo al que obtiene financiación. Si dispone de liquidez excedentaria, se corresponde con el coste de oportunidad de destinar ese dinero a mantener stock en lugar de emplearlo en otros fines.
    • Coste del seguro del contenido: coste asociado al seguro del contenido almacenado, que suele ser proporcional a su valor.
    • Coste por obsolescencia: coste derivado de la pérdida de valor del producto debida al paso del tiempo, así como de la posibilidad de roturas o deterioros asociados a su permanencia en almacén.
      • La obsolescencia suele considerarse como una constante media para toda la empresa.
      • Sin embargo, esto no es correcto: cada familia de producto presenta un riesgo de obsolescencia distinto. Los artículos estándar y de alta rotación tienen un riesgo cercano a cero, mientras que los productos especiales presentan un riesgo mucho más elevado.
      • Por ello, calcular el coste de obsolescencia como una media global puede inducir a error.

    Cálculo del coste del valor.

    Las unidades de Csf son coste por unidad de tiempo para un artículo determinado. Su expresión es la siguiente:

    Csf = Cf × Valor del artículo

    Donde Cf es el coste de mantener el valor por unidad de tiempo y por unidad monetaria.

    Cf es un parámetro asociado a la estructura financiera de la empresa y a los costes ligados al mantenimiento del valor, no al artículo concreto.

    Las unidades de Cf son coste/(tiempo × coste), o, de forma equivalente, porcentaje por unidad de tiempo.

    Estos costes suelen expresarse como porcentajes que, al aplicarse sobre el valor del artículo, dan lugar al coste de mantenimiento correspondiente. Su expresión es la siguiente:

    Cf = Cfinanciación + Cseguros + Cobsolescencia

    Donde cada término representa un porcentaje de coste asociado al mantenimiento del valor del stock durante un mismo periodo de tiempo. En concreto:

    • Cfinanciación = precio unitario del artículo × % de financiación.
    • Cseguros = precio unitario del artículo × % de seguro.
    • Cobsolescencia = precio unitario del artículo × % de obsolescencia.

    Preguntas frecuentes sobre el coste de almacenaje:

    ¿Qué es el coste de almacenaje?

    Es el coste asociado a mantener stock en almacén. En este artículo se plantea como la suma de dos partes: el coste de almacenar el valor del producto y el coste de almacenar el volumen que ocupa.

    ¿Por qué no basta con calcular el coste de almacenaje solo según el valor del producto?

    Porque ese enfoque puede generar errores en artículos con baja densidad de valor. Un producto puede tener poco valor monetario, pero ocupar mucho espacio y consumir recursos importantes de almacén.

    ¿Qué es la densidad de valor?

    Es la relación entre el valor monetario del producto almacenado y el volumen que ocupa, medida en €/m³. Sirve para distinguir si pesa más el coste financiero o el coste del espacio en el almacén.

    ¿Qué incluye el coste del volumen?

    Incluye conceptos como alquiler o amortización del almacén, estanterías, energía, manipulación, desplazamientos internos y medios de transporte, todos ligados al espacio que ocupa el artículo.

    ¿Qué incluye el coste del valor?

    Incluye el coste financiero u oportunidad, el seguro del contenido y el riesgo de obsolescencia. El artículo además advierte que la obsolescencia no debería tratarse siempre como una media igual para todos los productos.

  • Cómo medir la productividad empresarial total.

    Cómo medir la productividad empresarial total.

    Existen diversas formas de medir la productividad total de una empresa. En este artículo proponemos hacerlo a partir del valor añadido neto y de su comparación con el coste de personal. Se trata de un modelo simplificado, ya que un único indicador no puede explicar por sí solo toda la situación. No obstante, su análisis permite extraer conclusiones muy cercanas a la realidad, sobre todo en empresas manufactureras y de servicios.

    El valor añadido.

    Se entiende por valor añadido:

    El aumento de riqueza generado por la actividad de una empresa en un período determinado, medido por la diferencia entre el valor de la producción de bienes y servicios y el valor de las adquisiciones exteriores.

    Gallizo, J. L. (2000)

    El VAB mide la cantidad de riqueza que generan las personas que trabajan en la empresa más los bienes de capital.

    Si al VAB le restamos las amortizaciones de los bienes de capital y los intereses, obtenemos el valor añadido neto, es decir, la riqueza generada por las personas. A este respecto se debe ser riguroso con el importe de las amortizaciones que se asigna.

    De este modo, dentro de la contabilidad de la empresa pueden contrastarse dos magnitudes directamente relacionadas: el gasto de personal, como principal coste necesario para generarlo, y el VAN, como valor generado a partir de ese esfuerzo. Al estar ambas expresadas en unidades monetarias, su comparación resulta directa.

    Si al VAN le restamos el gasto de personal necesario para generarlo, obtenemos como resultado el beneficio neto.

    En empresas de manufactureras y, más aún, en empresas de servicios, el VAN es un factor que tiene mucho peso dentro de la cuenta de resultados.

    Así pues, consideramos que el VAN es el parámetro que se debe analizar para medir la eficiencia operativa dentro de la empresa, la productividad del equipo.

    Esta reflexión puede parecer simple e incompleta porque deja fuera muchos parámetros. Sin embargo, esa simplificación es solo aparente. El lector puede pensar que un VAN bajo se debe a unos costes altos de materias primas o a unos precios de venta bajos y que, por tanto, ya no queda margen. Pero, en buena medida, esa situación también depende de las decisiones del equipo, que puede estar comprando caro o vendiendo con poco margen.

    Lo mismo podría decirse si hay mucha merma de material o si se deja de facturar a los clientes: también en esos casos son las personas quienes provocan esas pérdidas.

    Por ello, consideramos el VAN como el mejor indicador del comportamiento de las personas que operan la empresa, desde la dirección hasta los operarios.

    Análisis del valor añadido neto.

    La productividad global del personal de una empresa puede definirse como:

    PRODUCTIVIDAD = VAN / HORAS IMPLICADAS EN LA CREACIÓN DE DICHO VALOR

    Su unidad es €/hora.

    Por otra parte, la empresa tiene un coste medio horario (CMH).

    CMH = COSTES TOTALES DE PERSONAL / SUMA DE HORAS TOTALES DE CONTRATO

    Si el valor generado por hora es mayor que el coste medio horario, la empresa genera beneficios.

    Si ocurre lo contrario, la empresa está en pérdidas, ya que el coste de generar valor por hora supera al valor generado en esa misma hora.

    Por tanto, tenemos una primera conclusión:

    PRODUCTIVIDAD (VAN €/HORA) DEBE SER MAYOR QUE CMH (€/HORA)

    Por otro lado, dado que el VAN es generado por el personal de la empresa, puede utilizarse el siguiente ratio de análisis adimensional:

    VAN / COSTES DE PERSONAL > 1

    Diagnóstico de su empresa.

    A partir de estas dos magnitudes, pueden plantearse dos preguntas básicas de diagnóstico:

    • ¿Es la productividad mayor que el CMH?
    • ¿Es el VAN mayor que el gasto de personal?

    Si la respuesta es , habrá que analizar en qué medida es mayor, es decir, si el margen es el adecuado o es muy ajustado.

    Si la respuesta es NO, su empresa tiene un problema de eficiencia operativa.

    Este contraste no agota el análisis de la productividad, pero sí permite detectar con rapidez si la empresa está generando valor suficiente con su estructura actual.

    Preguntas frecuentes sobre productividad empresarial:

    ¿Qué es la productividad empresarial?

    La productividad empresarial es la capacidad de una empresa para generar valor con los recursos que utiliza. Puede analizarse comparando el valor creado con el coste necesario para obtenerlo.

    ¿Cómo se puede medir la productividad total de una empresa?

    Una forma de medirla es analizar el valor añadido neto y relacionarlo con el coste de personal y con las horas trabajadas. Así se obtiene una visión económica de la eficiencia operativa.

    ¿Por qué el valor añadido neto sirve para medir la productividad empresarial?

    Porque refleja la riqueza generada por la empresa atribuible a la actividad del equipo. Por eso puede utilizarse como referencia para evaluar el rendimiento global de la organización.

    ¿Qué relación hay entre productividad empresarial y coste medio hora?

    Si el valor generado por hora supera el coste medio hora, la empresa crea beneficio. Si ocurre lo contrario, existe un problema de eficiencia operativa.

    ¿Cómo saber si una empresa tiene un problema de eficiencia operativa?

    Una señal clara es que el valor añadido neto no supere el gasto de personal o que la productividad por hora no cubra el coste medio hora. En ese caso, conviene revisar procesos, organización y gestión.