El coste de la complejidad en la industria: por qué vender más puede hacerte ganar menos.

El coste de la complejidad es un asunto que levanta ampollas, pero que cuesta mucho abordar porque no se sabe cuantificar.

A continuación, vamos a relacionar la complejidad con situaciones cotidianas:

  • ¿No te pasa que cuanto más te esfuerzas (con más productos y más clientes), menos ganas?
    • Es el coste de la complejidad.
  • ¿Tu empresa acaba aceptando productos o pedidos especiales que otros fabricantes rechazan?
    • Aceptas complejidad que otros no quieren y encima no la facturas.

Un ejemplo claro del coste de la complejidad:

  • ¿Qué te cuesta más: gestionar un pedido de 100 uds. de producto estándar o uno de 10 uds. de producto especial?
    • Imaginemos que gestionar el pedido especial requiere 3 veces más trabajo administrativo que gestionar el pedido estándar.
    • Al mismo tiempo, el lote es 10 veces menor.
    • Por tanto:
      • 3 veces más coste de gestión × 10 veces menos unidades = 30 veces más coste de gestión por unidad.

Este es el coste de la complejidad:

  • Sin embargo, los gastos generales se imputan proporcionalmente a la facturación.
  • Así se oculta el coste real de los productos y clientes más complejos.
  • Y se toman decisiones estratégicas sin cuantificar ni asignar correctamente el coste de la complejidad.

Complejidad también significa perder repetitividad.

¿Has intentado alguna vez escribir con un teclado diferente al que utilizas habitualmente?

  • ¿Cómo resultó tu productividad?

Este es el coste de la baja repetitividad, que se deriva de la complejidad.

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    Preguntas frecuentes sobre coste de la complejidad:

    ¿Qué es el coste de la complejidad?

    Es el sobrecoste que genera trabajar con muchos productos, clientes, variantes, pequeños lotes o requisitos especiales. No siempre se ve con claridad en la contabilidad, pero consume tiempo, recursos y productividad.

    ¿Por qué un pedido pequeño y especial puede ser mucho menos rentable que uno grande y estándar?

    Porque suele exigir más gestión, más cambios, más atención y menos repetitividad. Aunque facture menos unidades, puede consumir desproporcionadamente más esfuerzo operativo y administrativo.

    ¿Qué relación hay entre complejidad y baja repetitividad?

    Cuanta menos repetitividad hay, más difícil es trabajar con fluidez y eficiencia. La organización pierde velocidad, comete más errores y necesita más coordinación, lo que eleva el coste real por unidad.

    ¿Por qué imputar los gastos generales solo en proporción a la facturación puede ser un error?

    Porque ese criterio puede ocultar que ciertos productos o clientes generan mucha más complejidad que otros. Así, negocios aparentemente rentables pueden estar absorbiendo recursos sin dejar el margen esperado.

    ¿Cómo puede una empresa reducir el impacto de la complejidad?

    Debe empezar por cuantificarla, revisar surtido, condiciones comerciales, tamaños de lote y nivel de personalización. Solo así podrá fijar precios coherentes, simplificar operaciones y mejorar la rentabilidad.

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